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Poetas Venezolanos

Poetas Venezolanos

CALLE SOLA

Soneto
Luis Pastori

Tu calle ya no es tu calle.
Que es una calle cualquiera,
camino de cualquier parte.
Manuel Machado
La estrella se mudó de tu ventana.
Por ello, en soledad, entre otras cosas,
el jardín y sus fuentes memoriosas
se asordan bajo un doble de campana.

Junto al vagar de occiduas mariposas
entre la hiedra, el colibrí se afana
por ser el ruiseñor que en la mañana
canta fugaz a las fugaces rosas.

En la imagen, vestigio del olvido,
el aire tiene un aire envejecido,
de tanta lasitud y tanta calma.

Da pena terminar el recorrido,
pues allá, hacia el final descolorido,
la calle está más sola que tu alma.

Miguel Otero Silva

Cuando de mí no quede sino un árbol,
cuando mis huesos se hayan esparcido
bajo la tierra madre;
cuando de tí no quede sino una rosa blanca
que se nutrió de aquello que tú fuiste
y haya zarpado ya con mil brisas distintas
el silencio del beso que hoy bebemos;
cuando ya nuestros nombres
sean sonidos sin eco
dormidos en la sombra de un olvido insondable;
tú seguirás viviendo en la belleza de la rosa,
como yo en el follaje del árbol
y nuestro amor en el murmullo de la brisa.

¡Escúchame!
Yo aspiro a que vivamos
en las vibrantes voces de la mañana.
Yo quiero perdurar junto contigo
en la savia profunda de la humanidad;
en la risa del niño,
en la paz de los hombres,
en el amor sin lágrimas.

Por eso,
como habremos de darnos a la rosa y al árbol,
a la tierra y al viento,
te pido que nos demos al futuro del mundo...

 

EN EL FONDO FORESTAL DEL DIA
Vicente Gerbasi

El acto simple de la araña que teje una estrella
en la penumbra,
el paso elástico del gato hacia la mariposa,
la mano que resbala por la espalda tibia del caballo,
el olor sideral de la flor del café,
el sabor azul de la vainilla,
me detienen en el fondo del día.

Hay un resplandor cóncavo de helechos,
una resonancia de insectos,
una presencia cambiante del agua en los rincones pétreos.

Reconozco aquí mi edad hecha de sonidos silvestres,
de lumbre de orquídea,
de cálido espacio forestal,
donde el pájaro carpintero hace sonar el tiempo.
Aquí el atardecer inventa una roja pedrería,
una constelación de luciérnagas,
una caída de hojas lúcidas hacia los sentidos,
hacia el fondo del día,
donde se encantan mis huesos agrestes.


BOLIVAR
DEBIO TENER UN HIJO
Antonio Castellano

Bolivar debió tener un hijo
que tuviese como él
una pupila cósmica
para que de cada palabra
que sembrara
naciera un pueblo libre.
Un hijo
destrozador de cielos,
cultivador de tierras
sin guijarros ni caminos torcidos,
un hijo noble,
que mordiese la fruta
y exprimiese la dulzura
sobre el mundo.
Un hijo que fuese infinito,
con un rostro al sol
de injerto tropical.
Bolívar debió tener un hijo,
no con María Teresa
-su esposa divina-
ni en Manuelita Sáenz
-su hembra soberbia-
sino en una negra indoamericana,
que hiciese el porvenir
sin idiotas, cobardes,
carceleros de palabras
y odio desatado.
Un hijo temerario...temerario...
Un hijo,
para que la tierra
no tuviera niños tristes,
mujeres flacas de amor
y hombres enfermos de maldad.
Pero ha de saberse
que hijos redentores;
hijos de Cristo, hijos de Don Quijote,
somos todos los que soñamos
que un día pueda ser
cualquiera de nosotros,
el hijo de Bolívar,
asombrando
con el grito integral de América.

 

EXISTENCIA
Oscar Fernández

Existencia policémica
de naturaleza multiversa
reconfiguras mi lógica
y haces de la nada
un algo policromático
que se autogenera
en la transversalidad
de la semiósfera.

Un destino
sin destino
es el norte
que no existe
mas que en mi memoria
en medio de la armonía
caótica.
De la igualdad social
¿es social lo antisocial?
¿es humano el inhumano?
¿es bebida la coca cola?
¿es Dios un hombre o una mujer?
¿es el perdón un pecado y el pecado una necesidad?
¿es la respiración un invento
y la palabra un recurso para mentir?
¿Y
tu
y
yo
Que somos?
¿quiénes somos
polvo o partículas?
Polvo de estrellas
existencia
de
la existencia.